Todo lo que brilla es El Oro

Todo lo que brilla es El Oro


Ir a El Oro es viajar en el tiempo. Al entrar al pueblo mágico, sus calles empedradas me llamaron a deshacerme del automóvil para caminar. Después de una semana de intenso ajetreo en la ciudad, tuve un respiro, como si viviera a principios del siglo XIX.

Todo en él recuerda a la minería, como la antigua estación de ferrocarril, un lugar donde me sentí dentro de una película de la Época de Oro. La experiencia se complementó cuando entré al vagón, el cual es un restaurante gourmet.

A comer como los grandes

No tenía mucha hambre, pero ¿cuántas oportunidades se tienen de tomar algo dentro de una reliquia? Pedí un salmón a los cítricos, acompañado con ensalada y espárragos, y fue un viaje culinario. Claro, no creo que fuera la comida típica de los mineros.

Una joya en el bosque

Me habían recomendado la Presa Brockman, y no me iba a ir de El Oro sin conocerla. Esta fue la primera vez que pesqué. Renté unas cañas, me senté en el muelle y lancé la carnada dispuesta a cazar mi propia comida. Tardé, pero fui paciente. Cuando el mango comenzó a moverse no cabía de la emoción. Poco a poco enrollé el hilo y saqué una trucha arcoiris.

Una típica despedida

Fue un merecido descanso, un encuentro con la historia y la naturaleza.

De nuevo tomé mi auto para regresar al bullicio, no sin antes pasar al mercado de artesanía a comprar una “chiva”, un licor digestivo típico de la región hecho con base de hiervas y anís, el cual beberé después de comer el pescado: la primera comida que he atrapado en mi vida.

Los imperdibles

  • El Palacio Municipal
  • Teatro Juárez
  • Mercado Municipal
  • Tiro Norte
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