La historia entremezclada

La historia entremezclada


Llegar al pueblo mágico de Tzintzuntzan resulta como su nombre mismo: sorprendente. En sus 165 kilómetros cuadrados abarca tres periodos históricos. Por una parte fue una de las capitales purépechas más importantes, que combinado con la época de la colonización y la actualidad, despierta sensaciones que ningún otro pueblo puede.

Prehispánico en su sangre

Tzintzuntzan significa “lugar de colibríes” y, a diferencia de otros pueblos precolombinos, sus construcciones se caracterizan por estar redondeados, como la zona arqueológica Las Yácatas, ubicadas a orillas del lago de Pátzcuaro. Desde la altura pude apreciar el espejo de agua de este lago, una sensación de tranquilidad indescriptible se apoderó de mí.

Colonial en su elegancia

Como a casi todos los rincones del país, la colonización se fundió con su historia de origen. Al pasear por sus calles es común encontrar estas edificaciones que absorbieron mi mirada con su elegancia. Como el Templo de San Francisco, con una fachada de estilo plateresco o el Templo de la Soledad: el barroquismo en todo su esplendor.

Tradiciones de ambos mundos

No es raro escuchar a los habitantes hablar en su lengua, pues mantienen sus raíces, costumbres y tradiciones. Uno de los mejores ejemplos es el Día de Muertos, donde ofrecen  una fiesta fuera de este mundo. Tan es así que el ritual de velación en el panteón que se festeja el 1 de noviembre es Patrimonio Cultural inmaterial de la Humanidad.

conventoTzintzuntzan

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